
Muchas veces el enemigo está dentro de nuestro corazón. La palabra de Dios dice en Jeremías 17:9 dice “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?”
Uno de los enemigos que se puede levantar en nosotros es la amargura.
Los grandes derrumbes comienzan con pequeñas grietas. Así las raíces de amargura comienzan con pequeñas cosas que nos afectan. Hebreos 12:12-15 nos dice que no debemos dejar crecer en nosotros la raíz de amargura porque nos hacen perder la gracia de Dios, es decir su favor sobre nuestras vidas, y no solo nos afecta a nosotros, sino a los que están a nuestro alrededor. Un corazón contaminado, contamina a los demás.
Las raíces de amargura vienen por heridas no sanadas, por eso mismo debemos cuidar nuestro interior para tener una vida sana.
Muchas raíces de amargura vienen por no poder perdonar. Jesús se refirió al perdón cuando les enseño a orar a sus discípulos el Padre Nuestro. EL dijo: “Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.” (Lucas 11:4a). La falta de perdón te lleva a tomar decisiones erróneas. La clave esta en perdonar, en tomar la iniciativa, así Dios nos restaurará y nos dará vida abundante, porque alguien que no perdona es alguien que no tiene vida y esa falta de vida se demuestra en sus pensamientos, actitudes y hasta en su rostro.
Pero ¿Cómo sabemos que tenemos una raíz de amargura? ¿Cómo las quitamos de nuestra vida?
¿Cómo las podemos evitar?...
-Tengo que decidir NO amargarme. Yo decido que dejo entrar en mi corazón (enojo, bronca, resentimiento). Nuestro “antivirus” es el Espíritu Santo.
-Tengo que ver cuál fue la ofensa para poder entregársela a Dios. Solo puedo quitar algo de mi cuando sé que lo tengo.
-Tratar de tener paz con todos. Hebreos 12 : 14
-Permitir que Dios regenere nuestro corazón de la ofensa.
Para alcanzar la verdadera felicidad Dios tiene que sanar mi corazón. En la cruz Jesús experimento el quebranto, sufrió la angustia (Isaías 53) y El quiere que nosotros seamos libres de toda amargura, solo tenemos que decidir que El tome el primer lugar en nuestra vida y permitir que sane nuestro interior.